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Titane Palma de Oro 2021

Titane la nueva película de Julia Ducornau que para sorpresa de muchos se llevó el máxmo premio del Festival de Cannes, a pesar de ser un film con aspiraciones disruptivas narrativamente hablando pero con serios ecos al cine futurista de principios del siglo XX, al cine de Cronenberg. Ridley Scott y de Soderberg de los 80s.



Yo la catalogaría como un thriller Neo futurista si se permite tal adjetivo, si juntas en una canasta Alien, Sex Lies and Video tape, Crash desde una perspectiva femenina del siglo XXi algo interesante puede salir y eso es lo que hizo Ducornau muy probablemente como forma de inspiración de una historia realmente impactante.

Por supuesto que va mucho más allá de una simple inspiración en esos filmes pues se construye con esa pasión por la máquina, por el metal y las fantasías oníricas del progreso, del falso progreso de la era industrial y sus muy específicos infiernos.

Es una obra de arte contemporáneo y post moderna que rompe con los relatos tradicionales del bien Vs el mal, de lo femenino Vs lo masculino y de lo bello Vs lo feo, salpicada de momentos que se acercan más a un performance audiovisual que a una historia de narrativa clásica.

A pesar de ese intento performancero está inscrita en los tres actos de planteamiento, desarrollo y conclusión pero de una forma muy inesperada en sus puntos de inflexión entre actos, lo que lleva al espectador a una fascinación confusa y sorpresiva por los giros que en ningún momento anticipas y dilucidas de antemano.

La historia trata sobre Alexia (Agathe Rouselle) una mujer que de niña tuvo un accidente automovilístico en el que fue sujeta de un tratamiento médico que le dejó de por vida un implante metálico pegado al cráneo lo que sin duda afecta el desarrollo de su psicología personal y la hace entender de formas muy distintas las interpretaciones sobre la belleza, la sexualidad y la felicidad.

A partir de lo cual comienzan a sucederle una serie de eventos traumáticos que mezclan lo onírico con la realidad y que quedan a elección del espectador el elegir de qué lado colocarlos.

Huyendo de su infierno familiar y personal Alexia conoce a Vincent  (Vincent Lindon) el jefe un equipo de bomberos que hace más de 10 años perdió a su único hijo y que a la fecha sigue desaparecido. Alexia conoce esta historia de manera fortuita y se hace pasar por el hijo perdido de Vincent para escapar de lo que la viene persiguiendo, y este la acepta como tal sin dudarlo, lo que los lleva a tener una relación codependiente para curar mutuamente sus necesidades personales.

El plano surrealista de la historia nunca deja de participar como una pared del escenario y flota constantemente como elemento inseparable del plano de eventos aparentemente normales que le suceden a la protagonista que se muestra claramente perturbada y rota por su agresivo pasado.

Se hace complicado establecer una forma de tradicional de hablar de esta película cuando se basa más en el recorrido que significa experimentar sus muchos giros y puntos de inflexión inesperados que van moviendo de un lado al otro al espectador y no nos dejan anticipar el siguiente movimiento del guión sino más bien dejándonos llevar por esos súbitos rompe tuercas.

Sin duda es una película que dividió opiniones entre las academias de Cannes donde ganó el máximo premio y la de Hollywood donde ni siquiera fue nominada, pero desde mi perspectiva debe ser recordada como uno de los ejercicios más interesantes del año y que funcionará como trampolín de la carrera de Ducornau en la que estaremos a la expectativa de su siguiente trabajo.


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